El objeto “a” en la clínica

 

Reunión Lacanoamericana Brasilia- 2011

 

El objeto “a” en la clínica

David Szyniak

 

La primera versión del programa de este Lacanoamericano me nombraba como si yo fuera de Brasil. Encantado con el lapsus, contesté a los organizadores que me hubiera gustado, pero que ya era de Buenos Aires, Argentina. Sorprendido, me quedé pensando.

Hace 35 años llegué a Brasil, donde residiría por 10 años. Casualidad, acontecimiento, momento político, exilio. Rió de Janeiro fue la tierra que me recibió en el momento más frágil y desamparado de aquella joven adultez.

En este país que tan generosamente me alojó, hice amigos, colegas; conocí amores y desamores y por sobretodo, reinó la inmensa solidaridad de muchos a los que públicamente agradezco. Sucedió también que la lengua brasileira con sus sotaques y girias fue dejando marcas en mi vida. Chico Buarque, Caetano, Gal, Cartola, con sus melodías y letras acompañantes. La poesía vino de la mano de Vinicius, y del inolvidable Carlos Drumond de Andrade.

 

Pero ¿quién habló en el acto fallido? ¿Aquel jovencito sorprendido o el Otro que lo habita o quizá fue ese mensaje que llega invertido del campo del Otro? Lo mismo da. El efecto fue recordar esta intersección de lenguas que empuja al exilio de las dos.

En la vuelta a Argentina hace más de 20 años se fue perdiendo esa cotidianeidad con la lengua brasileira, pero ella se mantuvo en mis sueños, en la poesía, en los momentos de saudades y también en estas letras.

 

Enigmas de voces y sonidos en esta lengua amada, descubierta por casualidad. Fui elegido por el misterio de su genio, pero ella me causó y me causa. ¿Será así la opacidad del deseo? Fue entonces, que el titulo del texto que hoy les presento, pasó de “Una lógica mínima”, al actual:” El objeto ‘a’ en la clínica”

Las líneas que acabo de leer, fueron escritas en el a -posteriori. ¿Acaso no es de esta manera como se resignifica la cadena significante en nuestra experiencia de analistas?

El objeto ‘a’ que petrifica en un goce mortífero, pero que en su insistencia y vaciamiento va produciendo por los bordes ese objeto agalmático que nos causa y le da gusto a al vida, es también efecto y limite, corte en esa cadena que si todo va bien separará sujeto y objeto. Objeto resto, en la división subjetiva, objeto heteróclito al sujeto, producto de un delicado trabajo analítico.

 

II

El estatuto del sujeto como sujeto dividido, retomando a su estilo la Ich spaltung freudiana, queda firmemente establecido en la obra de J. Lacan a partir del seminario 13: “El objeto del psicoanálisis”. En La Ciencia y La Verdad, también nos advierte que el objeto ‘a’ no es el objeto del psicoanálisis, no se trata de construir, en nuestra práctica, un saber del objeto a. Nuestra tarea, como analistas, consistirá, en cambio, en insertar este objeto en la división del sujeto. ¿Podrá ser este un pilar del trabajo psicoanalítico? Sin duda una recomendación que interroga nuestra clínica pero, ¿cómo será eso de insertar el objeto ‘a’?

 

Realicemos un breve recorrido. Heredero bastardo del objeto transicional winnicottiano, pedacito de trapo, trozo de sábana, osito manchado al que se aferra el niño como objeto de goce. Primer objeto que no es el seno de la madre, podemos decir que este brote, este retoño de goce funciona al principio comandando al sujeto. Es aquí donde se esboza también su lugar de objeto como causa.

Deseo humano que nace del deseo del Otro, y que no es ni ganas ni capricho solipsista. Lacan, en los primeros años de la década del 60, respondiendo a los posfreudianos, nos presentará a la angustia, como afecto que afecta lo real, como única traducción subjetiva del no especularizable objeto ‘a’ y relacionado al deseo del Otro. La angustia no es sin este objeto. En su retorno a Freud, lee el etwass freudiano (frente a) como una indicación de ello, y es justamente en el Seminario de “La Angustia” donde lo leemos como en un work in progress.

 

Objeto ‘a’, que tributa su deuda a la teorización hegeliana sobre el amo y el esclavo y la lucha a muerte por el puro reconocimiento y abreva en la angustia de Kierkegaard y ciertamente en ese objeto identificatorio en el duelo patológico de “Duelo y Melancolía” freudiano.

 

Difícil de zanjar el enigma, de por qué una misma letra, un mismo matema, la a minúscula sirve desde Lacan, para referirnos al objeto ‘a’ y al semejante.

 

Soportado en la enigmática agalma, el menos fi, o castración imaginaria, el objeto ‘a’ remonta vuelo propio. Objeto por definición heteróclito a la cadena significante, diferenciado de los objetos parciales, presentados por el posfreudismo como pregenitales frente a un objeto ideal genital. Es en este desarrollo donde aparecerá el límite del modelo óptico. Mediador privilegiado entre Sujeto y el Otro, surge como resto de la operación de división subjetiva

Sabemos que Lacan se hace preguntas lógicas y elabora respuestas topológicas.

Proponer a la Topología para salir de una espacialidad intuitiva permite la construcción de otro espacio no tridimensional, jaqueando los sentidos adquiridos. Donde sujeto y Otro se muestran como dos toros abrazados o dos agujeros ínter penetrados, en la cual las vueltas de la demanda darán lugar entonces a una vuelta en más, que en transferencia podrá ser leído como deseo. El cross cup y la botella de Klein, objetos topológicos, nos permiten trabajar la intrincada relación sujeto/ Otro/ objeto ‘a’.

Si el punto de detención freudiano es la castración imaginaria, el invento del objeto ‘a’, es una apuesta a avanzar en la castración simbólica, que a partir de Lacan será la castración del Otro.

“… aquello frente a lo que el neurótico recula no es la castración, sino que hace de su castración lo que le falta al gran Otro.” (Seminario 10)

El neurótico hace de su castración algo positivo en ese universo de significaciones del Otro. Un significante falta y en ese lugar el neurótico viene a realizar su aporte mediante el signo de su propia castración. El objeto ‘a’, se extrae, no se agrega. Al neurótico el objeto ‘a’ del fantasma le sirve como defensa contra la angustia, siendo el cebo con el que retiene al Otro. Y Lacan dixit: “gracias a eso, tenemos Psicoanálisis. “

 

Percibimos en estos tiempos, en status nascendi; la afirmación del objeto a como lugar de goce parasitario, advirtiendo que en la medida en que el neurótico habla, podemos en el trabajo analítico extraer los trazos separadores (einziger zug) en su decir; pequeñas marcas en el devenir del trabajo conjunto, que se escribirán como trazos propios a descontar del campo del Otro.

 

Pero, ¿cómo abordamos el objeto del deseo, en las curas que dirigimos? A la altura del Seminario de la Angustia, Lacan propone situarlo entre el goce del Otro y la demanda del Otro y una cuestión que allí le presta una atención especial, es el deseo del analista.

 

El deseo del analista nos conduce a preguntarnos por la incidencia del analista en sus intervenciones. ¿Qué diversas formas irá tomando en los diversos tiempos lógicos de una cura?

 

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Donde ello habla el Objeto deberá comenzar a reinar, momento de inserción del objeto en el trabajo analítico. Sujeto advertido de donde se enredan sus pies, en qué tipo de objeto tropieza. Momento diverso de corte y/ o extracción, lógica mínima propiciatoria del trabajo analítico.

 

¿Por qué el maestro francés transcurrida gran parte de su obra, en la cuál sus aportes resultarían incontables: una teoría del sujeto, un inconsciente lacaniano, una reformulación de la angustia freudiana, incorporación de la topología y la lingüística (rebautizadas linguistería y topologeria) para el campo del psicoanálisis, de una teoría de la discursividad para la experiencia analítica, de innumerables neologismos, de diversas formalizaciones: grafos, esquemas, matematizaciones, insiste en que el objeto ‘a’ minúscula es su único invento?

Inventar es según nuestros diccionarios, presentar una cosa novedosa, algunas invenciones presentan creaciones sin antecedentes en su saber. ¿Creación ex nihilo?

¿Qué consecuencias clínicas tendrá esta insistencia sobre las intervenciones y el lugar del analista?

 

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En los primeros tiempos de un análisis la constitución de un sujeto supuesto saber, tanto del lado del analista como saber supuesto, como del decir del analizante como un saber no sabido que habrá sido sujeto necesitan que el analista ocupe el lugar del Otro, (tiempos de anticipación y retroacción que en análisis harán cadena significante) forma de bucle o rizo que en su cierre va delimitando un objeto.

Vacío, metáfora del pote de mostaza o del trabajo del alfarero sobre ese jarrón que encierra la nada, posibilidad de aprehenderla, de ubicar esa nada que enmarcada por significantes permite sostener la opacidad del deseo.

 

Es en las especies del objeto a, pedazos del cuerpo separables como cristalizaciones de relaciones de demanda y deseo por donde apuntamos a ese carozo del ser. Pezón, heces como herencia freudiana de la demanda a y la demanda de. Y agregamos los objetos del deseo aportados por Lacan la mirada y la voz

 

El analista debe llegar a jugar ese resto como causa; digamos más, debe hacerse ese resto sosteniendo la máxima diferencia entre A y a. ¿Será la propuesta de Lacan cuando propone la función de semblant ?

 

En el seminario “El envés del Psicoanálisis”, se proponen cuatro discursos. Discurso del amo, universitario, histérica y del analista. Cuatro letras y cuatro lugares. Formalización de una lógica discursiva para conceptualizar nuestra experiencia clínica. Sorprendentemente Lacan, que ya había comparado el síntoma freudiano con el síntoma en Marx , escribe para el discurso amo, el término de Plus-de-gozar en el lugar de la producción (abajo a la derecha) y lo homologa al de plusvalía en Marx.

Más aún, dice que tal como Marx inventó la plusvalía, él inventó el plus-de-gozar. La plusvalía, el más valor Marx la escribe como una operación que busca aumentar el valor del capital a través de la explotación de una mercancía que es la fuerza de trabajo. Modo lógico de funcionamiento del capital, más allá del saber de los productores, acuñando la famosa frase: no lo saben pero lo hacen. La importancia de la contabilidad, de la cantidad, del medir generalizado, del quantum , es uno de los ejes del funcionamiento, del discurso del amo en el capitalismo. En esta homologación de plusvalía y plus de gozar, podríamos vislumbrar una advertencia para no caer en una rápida cuantificación del goce. Semejante al valor de cambio ¿La sustancialización del mismo en nuestra praxis no desliza a veces a un peligroso juego de sumas y restas?

Preparando este texto supervisé a una colega en un hospital, en determinado momento ella dijo… y le corte el goce , no?, cuando había dado por terminada la sesión al paciente..¿ De que extraña sustancia acumulable ,contable y divisible es este goce?.

El lazo social a través de los discursos, propone una forma diversa para el discurso del analista, el plus-de-gozar o sea el objeto que ocupa el lugar de la producción en el discurso amo, advendrá a comandar el discurso del analista ocupando el lugar de agente (arriba a la izquierda) .

 

Al calcular un valor alrededor del número de oro para el objeto a se intenta dar un sostén lógico simbólico al mismo. La serie de Fibonacci apunta a ligar la evanescencia del sujeto a un objeto que se escribe en el análisis en la lectura de la repetición de la cadena significante y de sus bucles, número imaginario, irracional que pone límites a un tipo de razón, trozos de real en lo simbólico.

 

Aunque redundante, debemos señalar que nuestros significantes no son numéricos y no tienen existencia si no son leídos en el trabajo analítico. Letra que advendrá escrito en transferencia.

 

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“EL objeto a es efecto del discurso analítico ¿Es esto decir que no es más que artificio creado por el discurso analítico?”

En el diccionario de la RAE artificio proviene de artefacto, invento, máquina, predominio de la elaboración artística sobre la naturalidad.

Entonces será arte y oficio lo que se requerirá para poder trabajar este producto, Kern unseres wessen freudiano ,alejado de cualquier esperanza de volver a una naturaleza corpórea.

Un interrogante ¿Qué relaciona ese resto, desecho, único invento con la función deseo del analista? ¿De qué manera en un tiempo lógico del análisis, el analista haría semblante de objeto a? Podríamos pensarlo como lo anticipamos antes, vía función del semblant.

 

Preservar el arte sin olvidar el oficio, sostendrían la idea del semblant, sin embargo el término que traducido al español como semblante, sinónimo de apariencia, es muchas veces tomado como cara y/ o rostro. Esta traducción nos acercaría más a una posición imaginarizante. ¿El analista, entonces, debería poner cara o hacer rostro de pezón o de mierda?

La polisemia del lenguaje o tal vez, la imposibilidad de traducir el genio de una lengua o aún la dificultad de una traducción sin traición, nos hace arriesgar una manera de concebir al semblant de forma diversa (Gárate y Marinas .Lacan en español). Se trata de abordarlo más como una semblanza, sinónimo de ensayo, descripción, bosquejo, montaje de palabras o juego en escena, agujero y escritura que intenta acercarse a lo real del objeto como cuando Lacan en La Tercera nos propone: “Pues en el mundo no hay nada fuera de un objeto a, cagada o mirada, voz o pezón que hiende al sujeto y lo disfraza de desecho, desecho éste que le ex-siste al cuerpo. Para hacer sus veces, para ser su semblante, hay que tener condiciones

 

Desecho por fuera de cualquier naturalidad, condiciones que hacen a la construcción de las escenas del análisis, como por ejemplo en el Balcón de J. Gennet. Maniobras del analista , trabajo en conjunto, ¿quién es el autor de este objeto a causa del deseo?

 

Interrogantes sobre el saber y hacer que apuntan a nuestra ética de trabajo. Retorno a la letra, pero también al espíritu de Lacan de preservar la subversión del sujeto.

Bernardo Soares, heterónimo de Fernando Pessoa, en el Libro del Desasosiego, describe su mundo como aquel donde los jóvenes ya no creen en Dios, al mismo tiempo el autor no acepta la idea de convertir a los hombres en Dioses particulares. Y es esta angustia que lo conmueve, mezcla de tedio y vacío que lo causa para seguir escribiendo su historia. Escritor y lector tejen juntos esta aventura.

 
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