Escritos - De pagos y pagos - A.Szyniak

De pagos y pagos

 

Por Lic. Adriana Szyniak

 

 

Las cuestiones acerca del pago son recurrentes y nos interrogan una y otra vez, intentando esbozar en cada planteo alguna respuesta. ¿Cómo paga un paciente?

Llama la atención que la formulación de esta pregunta, la mayoría de las veces, se pone de relieve en las instituciones públicas gratuitas, o en relación a las obras sociales donde la circulación del dinero es inexistente como en el primer caso, o escasa como en el segundo; tornándose una preocupación allí donde el dinero brilla por su ausencia.

La lógica que opera en dicho deslizamiento lleva a pensar que el pago está ligado a determinados ámbitos y que está sujeto a la contingencia de los mismos.

Es así como en ocasiones se escucha: tenés que trabajar sobre el tema del pago (por dinero), soslayando -quien se hace cargo de esta indicación- que desde el punto de vista del psicoanálisis no podríamos trabajar de otra manera que no fuera sobre el tema de las cuentas.

También sucede cuando alguna persona "económicamente" exitosa pide una consulta en un lugar donde el pago con dinero es mínimo o inexistente, que quien lo escucha, muchas veces considera que esta persona puede pagar más, entonces rechaza esa demanda dando lugar así a la suya.

Una primera respuesta a dicha observación posiblemente tenga que ver con la insatisfacción del analista en relación al cobro de honorarios. Insatisfacción legítima para quien quiera vivir de su trabajo, pero imposible de ser recubierta por el pago del paciente; no es a la cuenta del mismo que se imputará las penurias del analista.

Por lo tanto se deduce que entre el pago del paciente y el cobro del analista no hay reciprocidad ya que por lo que paga el paciente no es por lo que cobra el segundo.

Lacan en el Seminario VII dice ..." si no se tiene totalmente claras las cuentas con su deseo, es porque no se pudo hacer nada mejor, pues no es una vía en la que se pueda avanzar sin pagar un precio. (el subrayado es mío).

Entonces debemos pensar razones estructurales para reflexionar sobre este tema.
El pago no es una contingencia en un análisis, ni es privativo de un ámbito en particular; no se trata del consultorio privado o el hospital. El sujeto siempre paga, lo que resta evaluar: cuál es el pago menos honeroso. Es cierto que muchas veces el pago con dinero resulta el más económico.

En el texto de Freud "Iniciación al tratamiento" (1913) se lee:
"La ausencia de la compensación que supone el pago de honorarios al médico se hace sentir penosamente al enfermo; la relación entre ambos pierde todo carácter real y el paciente queda privado de uno de los motivos principales para atender a la terminación de la cura" .
Quiere decir que si bien el pago y el dinero no se recubren, no es indiferente que el dinero medie entre paciente y analista.


Una observación que realizó la psicoanalista Nora Silvestri en un seminario dictado en el hospital Perón de Avellaneda me resulta interesante, dice: "en las supervisiones institucionales, del tema del dinero no se habla; en consecuencia se pregunta, qué noción de transferencia está en juego y por qué las relaciones del sujeto con el dinero no entran en consideración. Continúa afirmando que hay un elemento de la realidad que se torna real "de eso no se habla".

Por lo tanto digo, sirviéndome de lo anterior, que el espacio entre el paciente y el analista reproduce las condiciones de la institución que los alberga: no sólo no media dinero, además se torna innombrable.

Muchos de los pacientes que consultan en el Hospital lo hacen, según sus palabras, "favorecidos" por la gratuidad de la institución.

Pero por lo hasta aquí expuesto, no es lo mismo la gratuidad de la asistencia que la ausencia de costos. Un tratamiento puede ser gratuito y costoso.

Hasta dónde de dicha gratuidad se sirve el paciente para sostener sus síntomas, para no saber nada de él?

El discurso social, y con razón , nos dirá que la institución no es gratuita, ya que como ciudadanos pagamos a través de los impuestos el mantenimiento del mismo. Pero esta dimensión, a la hora de contar en un tratamiento, resulta insuficiente para la subjetividad del paciente; ya que no es un pago que se legitima como propio.

El paciente en un inicio, sea donde fuere la consulta, no evalúa costos. No sabe, y no tendría porque saberlo, que el síntoma es una satisfacción libidinal sustitutiva, que constituye su capital ya que implica una inversión de libido. Podríamos decir que desconoce el costo de su inversión.

Freud ya nos decía que lo más costoso en esta vida es la enfermedad ...y la tontería.

Será un tiempo del análisis poder esclarecer qué y cómo paga , cuál es el costo y a qué precio. Estos términos nos acercan a una economía..., la del goce.

Intentaré desarrollar algunas cuestiones a través de una historia singular. Donde el protagonista a la hora de dar cuenta, invierte todo su ser como pago al Otro.

Una disfunción sexual lo trae a la consulta a R., 43 años, por recomendación de una médica endocrinóloga quien lo atiende por su hipotiroidismo. Disfunción sexual que especifica como un no tener erección. Sitúa este síntoma hace dos años atrás, aunque no tiene precisión de ésta ni de ninguna fecha.. Dice no haber querido decir su problema pero lo tuvo que hacer público. Desde hace tiempo concurre a un sexólogo "a un especialista en impotencia sexual", según sus palabras.
Equipara el sexo con la vida misma. Efectivamente, lo que es impotencia a nivel sexual, se manifiesta como inhibición en su vida.

Vive con su mujer y sus cinco hijos en una casilla en el fondo del terreno de su madre. Desde ese lugar mira la calle a la cual sólo puede acceder pasando por la casa de ésta, termina tomando mate con ella y trabajando allí; "vivo con mi mamá, nosotros en la parte de atrás, mi mamá es independiente de nosotros..." y agrega: "mi mamá es soltera, no, es viuda".

Se describe como tímido y antisocial, le cuesta salir a buscar trabajo, siempre consiguió por recomendación.
Comenta haber sido una persona de suerte, lo han venido a buscar y así accedió tanto al trabajo como a las mujeres. Ahora sin trabajo, quien mantiene la casa es su señora. Aunque su madre también lo ayuda. Él a veces hace changuitas refiere: "Ahora vivo para pagar los impuestos". Luego dice: "Si uno tiene un lugar lo tiene que pagar uno, si no tiene lugar no es dueño de nada". Se siente un fracasado por no tener aspiraciones. "Cuando hacía el sexo me sentía otra persona", le pregunto quién, responde : "Un ganador". Comenta haber tenido la posibilidad de pasar al frente y no lo ha hecho. A sus 17 años tenía un trabajo donde podía mandar a la gente pero abandonó. Hasta hace 9 trabajaba en relación de dependencia su patrón queda sin trabajo entonces también él . A consecuencia de ésto cae en un pozo depresivo del que lo sacan, según refiere, sus hijos y su mujer. A partir de ese momento sus trabajos fueron en su casa. "Nunca asumí responsabilidades, por eso me quedé trabajando allí".

En otra oportunidad surge que al tener dinero lo malgastaba: compraba y tomaba whisky, vino. Podríamos decir: si tenía sólo ebrio lo soportaba.

Y aclara : "Cuando tenía dinero lo daba, ayudaba a los que no tenían... lo prestaba... yo puedo ayudar sin mirar a quién, pero no todos son iguales, yo doy amor y quiero que me paguen de la misma manera... el amor no se compra con plata.". También dice: "a la gente cuando tiene hay que aplaudirla, habría que felicitarla... hay gente que no le gusta que el otro tenga..."...yo si puedo no voy a cobrar nada... si yo hubiese sido mujer hubiera tenido el sí fácil."

El comenzar a hablar en análisis, pone al descubierto que su padecimiento también se ubicaba en lo sexual y no solamente allí. La inhibición, ese síntoma puesto en el museo, como lo llama Lacan en el Sem X, se apodera de todo él.


De su historia relata que sus padres se separaron cuando él tenía 13 años. Su padre se llevó a su hermana para que lo cuide. R. queda viviendo con su madre. Al transcurrir las entrevistas dirá que a ella le debe su inseguridad. Deuda que R. paga sin poder medir los alcances.

En un inicio refiere que son 4 hijos luego hace mención a una hermana muerta cuando él tenía 13 y ella 18; finalmente parecen ser 10 hnos. la mitad de éstos fueron muriendo. Hay algo de las cuentas que R. no puede precisar. Sí puede decir que perder un hijo es algo doloroso.

Efectivamente perderse como hijo le provoca dolor y queda en inhibición en los pagos de su madre.

De su padre dice que trabajaba como un buey, "yo no tengo ni la cuarta parte de la voluntad que tenía él". Al momento de fallecer, su padre estaba construyendo una casa

que quedó a medio terminar; allí queda viviendo su hermana. Afirma sin vacilar que esa casa le corresponde a ella. Le pregunto si la herencia del padre no le corresponde a él
también, contesta que sería incapaz de pretender algo de ella "no me considero heredero".
El paciente ya me había advertido que no estaba dispuesto a cobrar , eso era inaccesible para él. De lo contrario tendría que empezar a pagar no lo que se le impone sino aquello que atañe a su deseo.

Atisbos Transferenciales se vislumbran. R. comienza a mejorar en el aspecto sexual, dice: "nos quedamos desnudos y pude hacerlo... vamos mejorando... Ud. y yo". En otro momento: "los demás se mueven y yo me quedo quieto, el trabajo es la dignidad del hombre, tampoco quiero trabajar por poca plata". A esto agrega: "Ud. estudió para una profesión y trabaja para ser remunerada... yo de peón no voy a ir a trabajar".

Por otro lado quisiera destacar que R. sitúa sus inicios sexuales con una tía, así como también su primer y verdadero amor:.. una prima. Y a su mujer la quiere por ser la madre de sus hijos. Tía, Prima, Madre, círculo del que no puede salir y que lo traduce en no poder romper una barrera, posterga su deseo... "el solo hecho de salir afuera es algo que trato... me estoy postergando", dice preocuparle el desear y no poder.

Como se ve en la singularidad de este caso no es indiferente que entre analista y paciente medie dinero. Sancionar un pago con dinero, apuntaría por un lado a instaurar una falta en lo real del lado del analista, no se lo retiene a cualquier precio.

El dinero introduce una otra dimensión ya que implica un intercambio social. Una intervención que apuntaría a deshacer su inhibición tornándosele posible circular y desear. Hay algo que necesariamente tiene que pagar para no quedar todo él pagando. Asunción fálica que lo llevaría a reconocerse como siendo también hijo de un padre y no de madre soltera , según nos da a leer la letra de su fallido.

Atrapado en el terreno de su madre se le hace costoso la circulación por fuera de éste territorio. R. paga pero con inhibición, paga lo que se le impone, sin decidir qué paga y qué deja de pagar.

Llegados a este punto me pregunto de qué manera introducir el dinero como forma de pago en una institución donde el dinero no circula. Posiblemente éste sea uno de los límites de la institución. En este caso, sostenerlo en un lugar de gratuidad contribuiría a su empobrecimiento, alimentando su síntoma y en consecuencia su no saber, y la operatoria del analista, habilitado por la transferencia, va en sentido contrario.

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Bibliografía

Las cuatro condiciones del análisis. Autor: Antonio Quinet.
Ed. Atuel Anáfora.

* Hojas clínicas N* 3 . Publicación de la catedra 1 de Clínica de adultos. Fac. Psicología
UBA. Titular Gabriel Lombardi .

* Iniciación al tratamiento. O. C. Sigmud Freud. Editorial Biblioteca nueva.

 

 
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