Escritos - Proceso de Admisión - G.Felman

Proceso de Admisión, una experiencia psicoanalítica

 

Por Lic. Gisela Felman

 

 

Podemos decir que cada consultante solicita una entrevista de admisión en un determinado momento y en un lugar o con algún profesional por cuestiones inherentes a su subjetividad.

En lo que respecta al admisor, uno de los objetivos de esta experiencia sería evaluar si la persona que consulta está en el lugar preciso, en el tiempo oportuno para comenzar un tratamiento.

Se me ocurre nombrarlo “proceso de admisión” porque a veces no es suficiente una entrevista para evaluar estas condiciones. En ese caso se podrá dar lugar a un nuevo encuentro que difiere de una primera entrevista del tratamiento. El mero hecho de aclarar este dato es en si misma una intervención.

Entonces, será importante evaluar si es el tiempo y el lugar oportunos.

Que el analista que está a cargo de una admisión pueda tomarse la atribución de evaluar estas condiciones tiene valor de intervención.

El analista puede no admitir ese pedido. Las razones son variadas y tendrán que ver con lo que el terapeuta escuche desde su posición de analista. Si bien no hay un análisis la escucha puede ser analítica.

Lugar e inicio del tratamiento:

Es importante que el admisor tenga presentes cuáles son los posibilidades de atención personal,( en caso que sea atención privada) o institucionales.

Si puede absorber casos que requieran atención psiquiátrica, si el caso requiere de alguna

especialización (trastornos de la alimentación, psicosomática, niños….), si es imprescindible algún dispositivo en particular en cuánto a frecuencia semanal, terapia grupal para acompañar el tratamiento.

stá relacionado con la ética del analista delimitar su práctica. La Institución podrá ser más abarcativa pero tiene limitaciones.

A veces la imposibilidad de iniciar un tratamiento puede pasar por lo económico, o lo geográfico. No llegar a un acuerdo en los honorarios o no encontrar un lugar u horario en que se encuentren paciente y analista.

Estas variables no siempre las podemos tomar como obstáculos de “la realidad”, a veces podemos leer estos emergentes como expresiones de la “realidad psíquica”. Si esto se puede poner a trabajar a tiempo se podrá dar lugar a un tratamiento en el que sea posible desplegar el goce en juego.

Tiempo y comienzo de un tratamiento :

El analista intentará en la entrevista de admisión ubicar qué desencadenó el pedido de consulta en ese momento. Algo habrá hecho que el fantasma del sujeto en cuestión no haya podido dar una respuesta confortable en una situación determinada. A veces esa vacilación fantasmática angustia al sujeto. Aparece una pregunta por el padecer, o un pedido a qué hacer con eso que se presenta que excede las posibilidades de la persona de resolverlas en forma autónoma.

Este pedido se dirigirá a un analista, un profesional al que se le supone un saber, que puede ofrecer su escucha como primera manera de alojarlo.

Muchas veces este desencadenamiento no sucede en el momento de la consulta. Será preciso ver qué motivó el pedido de ayuda.

Podrá pasar que no hallemos ese desencadenante.

Sucede que muchas personas son “mandadas “ o “derivadas” y es posible que no se visualice ningún pedido personal. Podemos en ese caso incluir como parte del proceso de admisión entrevistas con padres, parientes para ubicar para quién sería el tratamiento en caso que lo hubiera.

Qué escuchará un analista en carácter de admisor? Qué implica intervenir como analista?

Considero, como ya explicité, que el analista podrá, en esta fase preliminar, recortar del discurso del consultante un pedido, una demanda incipiente. Muchas veces puede pasar que lo que la persona que se presenta a una admisión trae como motivo de consulta no concuerda con lo que terminada la entrevista se vislumbra como pedido. Las intervenciones apuntarán a despejar esta incógnita. A veces hasta el futuro paciente se asombra de lo que ahí acontece.

Intervenir no es hablar mucho, no es preguntar todo, a veces un silencio puede hacer las veces de intervención.

Insisto en que si bien no es una consecuencia directa que se efectúe un tratamiento posterior, el analista puede intervenir como tal.

Será importante que esto pase para sancionar que algún acto dio lugar o no a un tratamiento.

Considero que la entrevista de admisión compromete al analista a responsabilizarse con un acto. Será esperable que el consultante acceda a la posibilidad de convertirse en paciente, que alguna pregunta lo cause, que algún padecer lo divida, que algún goce se conmueva.

No siempre pasa, a veces la persona no está dispuesta a ceder nada de su goce, no tuvo ningún contacto previo con el ámbito psi y eso lo dificulta….puede pasar que haya cuestiones inherentes a lo estructural que lo impidan…..

Diría que es un objetivo esperable, no fácil de lograr.

Este rasgo distintivo dividirá las aguas entre una entrevista de admisión para el psicoanálisis, para la psicología y obviamente dista de ser una anamnesis.

Podrá ser muy pretencioso para una entrevista o para este proceso de admisión. La idea es que este inicio aventure lo que pasará en los siguientes encuentros, en el período de entrevistas preliminares.

Esta modalidad de proceso de admisión parecería corresponder a un paciente neurótico. No me animaría a intervenir de la misma manera si existe la menor duda en cuanto al diagnóstico.

Es objetivo también de este proceso señalar a qué estructura subjetiva pertenece el discurso en juego. Mínimamente poder hacer un diagnóstico diferencial entre neurosis y psicosis.

Igualmente muchas veces este diagnóstico se termina de definir en el período de entrevistas preliminares.

Considero que trabajar teóricamente lo que sucede en el proceso de admisión es muy rico y valioso para nuestra clínica. Son muchas las variables a tener en cuenta, está el caso por caso…pero también es posible abordar el tema así se trate de un Hospital público, una prestación ligada a una obra social, la práctica privada en Instituciones, en un consultorio.

Mi experiencia como admisora en diferentes Instituciones me permite sostener algunas reflexionas y muchos interrogantes.

En el espacio público está en juego la gratuidad, parecería que el Estado está para proveer el bienestar a las personas. Cómo definir un pedido cuando el paciente “sabe” que estamos esperando que venga al horario de admisiones, cuando es una obligación ética atender ese pedido. Se puede decir que no?

Qué estrategias podrá utilizar el analista para que la demanda no quede de su lado sino el acto?

En la Defensoría de menores, lugar en el que se ofrecía asesoramiento y tratamiento psicológico, estaba establecido que el que solicitaba el servicio debía pagar un bono. Ese monto quedaba desvirtuado en el momento en que aparecía en escena cierto imaginario que

la defensoría es un lugar que da, que resuelve, lugar activo. Los que se acercaban solían tener posiciones pasivas a la espera de soluciones mágicas y gratuitas. Un gran porcentaje de la población que consultaba carecía de recursos económicos, pera también simbólicos……A quién se admite y a quién no?, el psicoanálisis podrá ser para todos?, cuál será el criterio?

Cada Institución tiene sus particularidades. Insisto en que es un trabajo muy interesante investigar los alcances, las especificidades, las diferencias, pensables a la hora de encarar el proceso de admisión en cada una de ellas.

 

 
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