Escritos - El sujeto y el otro, semejante, prójimo, ajeno - L.Lamovsky

El sujeto y el otro,
semejante, prójimo, ajeno

 

V REUNION LACANOAMERICANA DE PSICOANALISIS. Recife. 2001

 

Por Dra. Liliana Lamovsky

 

 

Y Dios dijo: "No es bueno que el hombre esté solo" y de una costilla de Adán creó a la mujer. Después, ya sabemos, haber cedido a la tentación de comer del árbol de la sabiduría los hizo perder para siempre el Paraiso. Y Dios los condenó a llevar el yugo juntos. Luego, Caín mató a su hermano porque Yahvé tuvo más miramientos con Abel. Y así de conflictivo continuó siendo conformar una alianza conyugal y construir una familia hasta hoy en día.
Freud, también lo sabía cuando, en el Malestar en la Cultura, escribió, refiriéndose a las fuentes de sufrimiento en el ser humano : la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestro cuerpo y las relaciones sociales. Respecto de estas últimas dice: "No atinamos a comprender por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado, no habrían de representar mas bien protección y bienestar para todos. Sin embargo, si consideramos cuán pésimo resultado hemos obtenido, precisamente de este sector de la prevención contra el sufrimiento, comenzamos a sospechar que también aquí podría ocultarse una porción de la indomable naturaleza, tratándose esta vez de nuestra propia constitución psíquica."
Según nos enseña Lacan, en el inicio, la pulsión se gesta en la demanda del Otro y el sujeto se constituye alienándose en el campo del Otro, soporte, además, de un reconocimiento imprescindible . Pero no son Otros anónimos, son Otros con nombre y apellido, incluso pueden pertenecer a varias generaciones anteriores. En efecto, la red significante que nos habita es transmitida por los Otros parentales que nos tocaron en suerte.
Vínculo, lazo, relación, conjunto, organización, grupo son algunas de las denominaciones con las que se nombra en nuestra cultura, la relación del sujeto con el otro. Al mencionarlas no estamos hablando de una relación dual narcisista sino de aquella que siempre incluye la terceridad de la castración.
Hecha esta aclaración, continuamos. Pensamos el campo de lo vincular como un "entre", entre dos, entre nos, que tiene cualidades agregadas respecto de los sujetos que lo componen porque en la relación del sujeto con el otro hay un plus, un suplemento que remite a un espacio de combinatoria que será original en cada lazo. Trama que alude a la complejidad producida por el "entre nos" y a la eficacia sobre los sujetos involucrados bajo su órbita en lo real, lo simbólico y lo imaginario.
Este conjunto en donde se juega el lazo del sujeto con el otro real sostiene cierta combinatoria deseante y las relaciones fantasmáticas que adjudican posiciones para cada integrante del mismo. Espacio donde se anudan y desanudan el amor, el deseo y el goce de cada uno y un vacío, presencia insemantizable, que separa y une, es la intersección hombre-mujer.
No tenemos con que vincularnos, lo hacemos desde la falta que intentamos velar y develar para amar, desear y gozar dentro del orden fálico. Cuando falta la falta, gozamos desamarrados.
Más allá de nuestras investiduras fálicas encontramos esa nada que produce lazo.
Los lazos estables colaboran en velar la castración y en sostener la fantasía de suturar la falta estructural. En el mejor de los casos, ayudan a soportar la castración "entre nos".
La relación de pareja nace enajenada de aquello que la funda, el enamoramiento es eficaz en velar que "no hay relación sexual", pacto de desmentida indispensable para que la construcción sea posible
En los lazos familiares y de pareja es donde se despliega cotidianamente, de modo privilegiado, la manera en que cada sujeto se sitúa frente a la castración.
Estas tramas vinculares gozan de una gran estabilidad siempre al borde de la inestabilidad. Sólo si se conmueve esta situación surgirá la demanda de entrevista. El espacio ofrecido por el analista para la consulta vincular propicia un resquebrajamiento en la interdiscursividad del conjunto, consensuada hasta ese momento, para dar lugar a una verdad que permanecía oculta.
El campo de la repetición no sólo incluye los íntimos mecanismos del sujeto sino también, la trama relacional. El mecanismo de repetición tiende a regir la lógica de la relación del sujeto con el otro. De forma tal que la consulta permite acceder, no sólo a ese funcionamiento de automatismo de repetición sino, también asistir al modo de producción del mismo. Asistir en dos sentidos, presenciar y formar parte, vía despliegue transferencial y poder operar en consecuencia.
El campo de la experiencia clínica con familias y parejas es el mismo que el del análisis individual, el enlace y desenlace entre el amor, el deseo y el goce. La combinatoria entre estos tres ingredientes da como resultado la construcción de organizaciones libidinales diferentes, algunas tendiendo al principio del placer, otras hacia el mas allá .
Proponemos pensar la relación del sujeto con el otro, en la particularidad de las tramas estables, como un espacio de articulación de estas tres dimensiones : un orden simbólico, un campo narcisista y un campo de goce.
Un orden simbólico que regula la circulación deseante y organiza la sexualidad, ligado a las estructuras de parentesco, conforme a la ley de prohibición del incesto que promueve la salida exogámica. Dichas estructuras de parentesco otorgan lugares y funciones específicas para las relaciones familiares.
La regulación de la circulación de los deseos se sostiene en ciertas prescripciones y prohibiciones que serán tramitadas en cada familia mediante la operatoria Edipo- castración .
Todo conjunto estable resulta del establecimiento de un serie de acuerdos inconcientes que darán una modalidad específica a los intercambios.
La matriz simbólica que determina las relaciones familiares produce creencias y mitos familiares, ideales y emblemas identificatorios, la elección de nombres propios, el despliegue del espacio y tiempo compartido, etc. En su constitución se articulan códigos que provienen del contexto cultural, de la cadena transgeneracional, así como de la estructura subjetiva de cada uno.

Un campo narcisista, sede de las identificaciones imaginarias, donde se juega la relación con el otro como semejante y su correlato amor-odio , característico de la vertiente especular. De tal modo que toda relación al semejante quedará marcada por la incidencia del ideal narcisista y sus oscilaciones. En el enamoramiento, el otro es llamado a ocupar el lugar del ideal y en la medida que no lo satisface produce odio.
La tensión agresiva es intrínseca a este modo de lazo yo a yo, en consonancia con la rivalidad que en él se desata y no es equiparable al odio que se dirige al ser.
El amor va a involucrar al yo en su capacidad de establecer una relación imaginaria con un objeto total, por la vía del narcisismo.
Pero todo amor tiene su límite y en ese mismo límite se transforma en odio. El amor obstinado en si mismo se transforma en odio y ese odio favorece la discriminación. Este odio es producto de un amor logrado y Lacan lo llama "odioenamoramiento" en el Sem. Encore. Este ya no es sólo imaginario, aquí está tallando la vertiente simbólica del amor y del odio.
En el campo imaginario se genera, también, el "nosotros narcisista" que al mismo tiempo que otorga soporte identificatorio, genera alienación en el conjunto, ya que exalta aspectos indiscriminados en donde la singularidad se diluye. Supone dos que se fusionan en uno hasta el extremo de la pérdida de los cuerpos.

Por último, un campo de goce, plano de la satisfacción pulsional que enraiza en lo corporal y ubica al otro en calidad de objeto parcial. De éste derivan las distintas modalidades que adoptan las relaciones según las ubicaciones propias del objeto.
"No hay relación sexual", en esta dimensión, marca que no hay complementariedad posible, da cuenta de que no hay relación adecuada entre el goce anhelado y el encontrado o entre el goce de uno y el del otro.
Como Freud nos indica, en la relación amorosa, el apremio de la exigencia pulsional tiende a degradar la vida erótica. "Sólo el amor, permite al goce condescender al deseo", dice Lacan en el Sem La Angustia. Justamente, el lazo amoroso hace suplencia frente al desencuentro estructural de los sexos, asegurando un enlace entre el sujeto y el otro, ya que las pulsiones parciales no nos dicen nada de la relación hombre-mujer.
En tanto el goce se enlace al deseo prevalecerá el goce fálico, goce de la falta. Si en su insistencia no logra anudarse, desemboca en un goce desamarrado, más allá del principio del placer, compuerta abierta a una modalidad gozosa mortífera.

Propongo ver una viñeta clínica a modo de ejemplo.

Ellos están casados hace 15 años. Tienen tres hijos, de 10 y 8 años y una beba de tres meses.
Se odian sin piedad lo que denotan sus rostros que se ven muy descompuestos.
Consultan por los chicos, quieren saber de qué forma no dañarlos con la mala relación que sostienen. Están preocupados porque la bebita no creció desde el último control pediátrico y los dos mayores tienen ataques de furia entre ellos y con la empleada a la que llenan de insultos. El padre dice que su esposa le grita y lo insulta, también le pegó y rompió objetos delante de los hijos y "ellos ahora se copian de la madre". También fueron llamados por la maestra del hijo del medio para comentarles que está triste y aislado.
El matrimonio tuvo una gran pelea hace diez meses por problemas reiterados con la familia de él, desde entonces no se hablan excepto para pelear. Así pasaron el embarazo y el parto de Lucía. La esposa dice que su marido está pendiente de la palabra de su mamá y pretende que toda la familia haga lo que la reina madre indica. Manifiesta, además, que ellos sólo son un apéndice de la familia de origen de él.
Nunca pensaron en separarse, dicen que "los chicos sufrirían mucho."
La mujer denuncia que desde el comienzo del matrimonio, la sexualidad entre ellos fue anormal., siendo él reticente, tenían relaciones cada tres meses en las que ella no gozaba porque él acababa rápido. El dice que no se le para por culpa de ella.
A partir del nacimiento del segundo hijo, la esposa se retiró del dormitorio matrimonial y nunca más volvió. Cuando pregunto por el último embarazo, ella me alecciona que se pueden sostener relaciones en otros lugares de la casa, como la mesa del comedor diario o la mesada de la cocina.
En el discurso se repite un significante. "Yo soy un esclavo de ella". "yo soy una esclava de él" y también "somos esclavos de los chicos".
Han establecido un sistema "niñocéntrico", tienen la certeza de que los hijos no se equivocan, tienen atributos absolutos y lo que dicen es la única verdad. Han desplazado y ubicado en los niños, imaginariamente, la relación de sometimiento que sostienen con sus propios padres. Afirmación de los lazos de sangre que aplastan a la alianza conyugal, representante de la ley del lazo social. En ocasiones, la pareja no es hombre-mujer sino sólo parental.
Bajo la aseveración de las intenciones más amorosas, mantienen con gran estabilidad un vínculo enfermo que produce un gran sufrimiento para todos y permite envolver con ese manto de lo familiar, aquello que Freud nos enseña que cuando emerge, da lugar a lo siniestro.
Presentificación de un odio primario, diferente del odioenamoramiento propiciatorio de la diferenciación. Este odio primario surge cuando no hay aparato simbólico para responder al otro. Agujero en la red significante que no es de castración sino agujero de representación. Odio mortífero que apunta al otro en la dimensión de objeto.
En este caso, sería importante recuperar y dar dignidad al sufrimiento descarnado de una relación torturante que no les permite ni "perderse" ni abstenerse de la presentificación horrorosa del otro y generar condiciones subjetivantes para cada miembro de la familia. Sólo después, en otro tiempo, podrán arribar a preguntarse qué he hecho yo para merecer esto.

El prójimo, el semejante, el ajeno.

En su último libro El Prójimo. Enlaces y desenlaces del goce, I. Vegh define al prójimo como una forma del otro real, otro real que se compone de los tres registros, Real, Simbólico, Imaginario, de igual forma que el Otro real.
El prójimo es el otro cuando se hace presente, siendo convocado por el discurso del sujeto. El otro no responde siempre de la misma manera, también depende de la escena a la que se sienta invitado por el sujeto. Cada escena requiere de determinados ropajes y en cada escena se jugarán ciertos goces y otros quedarán excluidos.
Lacan en el Sem. De un Otro al otro, dice: "El prójimo es la inminencia intolerable del goce". De qué goce se trata?. El que el otro puede ejercer respecto de mi y el que yo puedo ejercer respecto de él, en un encuentro en donde no hay garantías de lo que pueda suceder. En la pareja, cuando el sujeto se dirige al otro, su fantasma encuentra el objeto a que anida en él y lo mismo ocurre cuando el otro se dirige al sujeto. Cada uno encuentra en el otro dos vertientes del objeto, como agalma, sosteniendo la falta y como plus de goce. Pero por qué intolerable, por qué inminencia intolerable del goce?. Pensamos que el destino del objeto a no será el mismo en tanto esté enlazado con el goce fálico o si lo está con el goce del Otro.
En el encuentro con el otro , el sujeto lo invoca a ocupar determinada posición, a repetir aquello que quedó sin elaborar de su tramitación edípica. Repetición que podrá conducir a un destino fatal o a la invención de algo inédito. Dos caminos opuestos, uno es el de la compulsión repetitiva, surco regrediente que supone el mandato de reproducir como calco y cristalizar funcionamientos familiares ancestrales. Por el contrario, el otro camino tiene una función propiciatoria para el surgimiento de un acontecimiento "entre dos", la apertura a nuevos significantes y del efecto sujeto.
Pensamos que el prójimo es el otro que emerge en su alteridad, ligado a la castración y que por lo tanto abre a la combinatoria deseante y se ofrece desde su diferencia, sin la cual sería imposible generar algo nuevo.
También engloba al semejante, efecto de la dimensión imaginaria pero es mucho mas que eso. Incluye, además, al ajeno. El ajeno no es el otro ligado a la castración sino que es aquel que se nos escapa, aquel que por su opacidad genera cierta inquietud propia del desconocimiento radical, de lo irrepresentado e inasimilable del otro. Sobre todo, de lo irreductible de los distintos modos de gozar de los hombres y de las mujeres que hace al enigma de la diferencia sexual.
El otro como ajeno me resulta amenazante, entre otras cosas, porque me hace presente la opacidad que a mi mismo me habita.
El prójimo, entonces, es la insoportable otredad del otro. Sin embargo, al mismo tiempo, está habitado por la misma estructura que yo, sufre igual que yo, tiene la misma fragilidad.

BIBLIOGRAFIA
_ Lacan J. : Sem. La Angustia.
Sem De otro al otro.
Sem Aún.
_ Vegh I : El Prójimo. Ed Paidós. 2001.
_ Mackintach A. : Pareja : el porvenir de una ilusión... en el libro La pareja y sus anudamientos. Lugar ed. 2001.

 

 

 
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